15 años de guerra en Siria: por qué movilizó al mundo musulmán
Religión, geopolítica y narrativa sectaria: las claves que explican por qué Siria no fue una guerra más
No fue un conflicto más
Siria no fue solo una guerra civil. Fue una causa que movilizó actores más allá del país. Siria pasó de ser una protesta más de la Primavera Árabe a un campo de batalla religioso, con gente fuera del país apoyando a un bando o a otro. Clérigos extranjeros llamando a combatir al régimen, protestas en países que no eran Siria. Gente de otros países musulmanes entrando en el conflicto para librar su combate. ¿Por qué ocurrió esto?
La guerra de Siria, entre otras cosas, podría definirse como la segunda ronda de un enfrentamiento entre la dinastía de los al-Assad y los movimientos islamistas sunitas radicales. Estaba el precedente del levantamiento de los Hermanos Musulmanes contra el gobierno de Hafez al-Assad, que culminó en la masacre de Hama de 1982. La Hermandad quería deponer al régimen, considerado como herético por pertenecer a la rama alauita del islam.
La guerra de Siria comenzó con las protestas del 15 de marzo de 2011, en el contexto de la Primavera Árabe. A pesar de la diversidad de las protestas, el presidente Bashar al-Assad se apresuró a acusar a los manifestantes de ser terroristas extranjeros afiliados con al-Qaeda. Aunque inicialmente no eran tan notorios, los grupos islamistas internacionales no tardaron en activar sus lazos con Siria.
Un año después del inicio de las protestas, la presencia de extranjeros en el conflicto sirio era una realidad. Radicales de varios países habían llegado al lugar para enfrentarse al régimen, pintando el combate como una “guerra santa”. Este año se da la masacre de Houla. Murieron ciento ocho personas. La masacre fue atribuida a milicias pro gubernamentales, muchas de ellas asociadas al entorno alauita del régimen.
Primera batalla de Alepo. Fuente: Wikimedia Commons
Hezbollah entró en el conflicto sirio en 2013. Eso llamó la atención de más clérigos islamistas sunitas para animar el combate contra el régimen sirio.
La pertenencia de Bashar al-Assad a la secta alauita del islam. Esta es una rama del chiismo, aunque varios chiitas también los consideran herejes. Para los sunitas, son herejes. Esto permitió a los grupos islamistas sunitas y yihadistas para impulsar una narrativa de una mayoría sunita oprimida por la minoría alauita.
Papel de los clérigos
La naturaleza del conflicto llamó la atención de clérigos radicales sunitas alrededor del mundo. Al inicio una de las figuras más carismáticas de la oposición siria era el jeque exiliado, Adnaan al-Aroor.
La entrada de Hezbollah en Siria en 2013 provocó que más clérigos declararan yihad contra al-Assad. Entre ellos estaba Yusuf al-Qaradawi, antes cercano al régimen sirio. Al-Qaradawi llamó a todo “musulmán sunita con entrenamiento militar” a luchar en Siria. También describió a los alauitas como “infieles peores que los judíos”. Otro era el saudita Mohammed al-Arifi, que llamaba a todos los musulmanes del mundo a “apoyar la yihad en Siria”. No fue el único en Arabia Saudita que hizo eso. Estos discursos se movilizaron en las redes sociales a la par de las noticias en Siria.
Clérigo egipcio Yusuf al-Qaradawi. Fuente: Wikimedia Commons
Dos clérigos libaneses emitieron “fatwas” o sentencias legales llamando a jóvenes libaneses a luchar en Siria en defensa de su comunidad sunita. En Egipto fue similar.
Movilizacion transnacional
Hubo mucho apoyo a las revueltas, debido al temor que se tenía a lo que se consideraba como el “triangulo chiita” encabezado por Irán.
Amplificación de las tensiones sectarias
Conforme el conflicto fue escalando, Irán se fue involucrando cada vez más, yendo desde desplegar sus propias tropas hasta luego involucrar a milicias chiitas provenientes de Afganistán y Pakistán, causando molestias en estos países. El aumento de la violencia sectaria llevó a que comunidades religiosas de ambas ramas del islam pusieran sus ojos en el conflicto. Un ejemplo fue Líbano. Algunas ciudades de ese país vieron enfrentamientos entre sunitas y alauitas, mientras que otras registraron ataques terroristas contra la comunidad chiita de ese país. Algunos sunitas se levantaron en armas sin permiso de sus jeques.
Un ejemplo de como las tensiones sectarias de Siria se exportaron a otros países fue Pakistán. Diversos grupos radicales intensificaron sus ataques contra la ya perseguida minoría chiita en ese país. Uno de esos grupos que incrementó los ataques fue Lashkar-e-Jhangvi. Los grupos sunitas radicales justificaron sus ataques como venganza por las masacres de sus correligionarios en la guerra civil del país árabe. Conforme el régimen y sus aliados fueron cercando Alepo, varias ciudades pakistaníes vieron protestas por ello.
Bandera de Lashkar-e-Jhangvi. Fuente: Wikimedia Commons
La oleada anti chiita incluso vio un episodio esporádico en Europa. En marzo de 2012, un musulmán sunita belga provocó un incendio en una mezquita chiita. El individuo afirmó que quiso llamar la atención sobre las políticas de al-Assad, acusado de ser “impulsado por chiitas”.
Factores estructurales
Un factor de esta solidaridad sunita fue la rivalidad entre Arabia Saudita e Irán. Esto contribuye al enfoque que ponen los países sunitas sobre el conflicto. La composición del gobierno sirio, en el que los alauitas ocupaban muchas posiciones importantes, ayudó a generar la narrativa de los radicales sunitas.
2016 – Punto de quiebre
En 2015, Rusia entró en el conflicto, inclinando la balanza en favor de al-Assad. El punto más importante de esto fue la caída de Alepo un año más tarde. La conquista de dicha ciudad por el régimen y sus aliados volvió a detonar los enojos sectarios, y luego marcó el declive de la movilización inicial.
Assessment / Análisis final
La guerra se convirtió en una causa global del islamismo suní no solamente por su dimensión local. También debido a que activó narrativas sectarias, redes transnacionales y liderazgos religiosos que hicieron que el conflicto trascendiera fronteras.
Conclusión
La movilización de Siria fue por la convergencia de factores religiosos, históricos, y geopolíticos que transformó un conflicto local en una causa global.
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