Cómo Irán construyó su influencia en Medio Oriente: estrategia, religión y poder regional
Una explicación de cómo Teherán combina historia, ideología y alianzas indirectas para consolidarse como potencia en la región.
Irán como potencia regional: presencia y estrategia
Irán ha luchado por consolidarse en Medio Oriente como una potencia regional. Su presencia se extiende a múltiples escenarios como Irak, Siria, Yemen, y el conflicto entre Israel y Palestina.
Mapa del proyecto iraní del Creciente Chiita
Sin embargo, lo importante no es solo dónde está Irán, sino cómo utiliza esa presencia para proyectar su influencia en la región.
Identidad, historia y visión de poder en la política exterior iraní
Parte de la política exterior iraní se extiende por su identidad histórica y su percepción de sí mismo como una potencia regional. Con la Revolución Islámica, esta visión se combina con una ideología que busca resistir la influencia extranjera y proyectar liderazgo en el mundo musulmán.
La política exterior es resultado de contraponer lo persa y lo árabe. Interpretan su rol en la región como parte de una trayectoria de potencia desde el Imperio Aqueménida. Constantemente evocan su rol de hegemón regional. Esta visión, a veces descrita como iranocentrismo, se basa en una tradición histórica de influencia regional
De la Revolución Islámica a la expansión regional
En 1979 cayó el Shah de Irán y llegó el Ayatolá Jomeini al poder. Con esto, Teherán abandona su rol como aliado de Estados Unidos y de contrapeso a regímenes hostiles a los intereses de Washington. A partir de este momento, las relaciones entre ambos se ven marcadas por desconfianza, iniciado desde la crisis de rehenes de 1979. Esto fue seguido de aislamiento y sanciones. Desde este momento, Estados Unidos procede a designar a la República Islámica como parte del “Eje del Mal”, acusándole de patrocinar terrorismo y de sabotear los intentos de paz entre israelíes y palestinos.
En 1980 estalla la guerra con Irak. Esto sella la fusión entre islamismo y nacionalismo.
Hombres Basij sosteniendo un poster de Jomeini durante la guerra con Irak. Fuente: Fars Media Corporation (CC BY 4.0), vía Wikimedia Commons
Las intervenciones estadounidenses en 2001 y 2003 eliminaron a dos de los principales rivales de Irán, abriendo una oportunidad clave para expandir su influencia. Antes de la invasión ordenada por George W. Bush, Irak era el mayor contrapeso al régimen clerical.
Con Obama hubo un poco más de acercamiento con el acuerdo nuclear.
Mientras tanto, Irán jugó un rol militar muy importante en las guerras civiles de Irak y Siria.
Factores estructurales
Irán frente a Arabia Saudita y las monarquías del Golfo
Irán ha sido visto en el mundo árabe con temor, particularmente en el Golfo Pérsico. Esto es más allá de la religión, y más de intereses nacionales. Las petromonarquías consideran al régimen de los ayatolás como una amenaza a sus intereses.
Proxies, influencia indirecta y competencia por el liderazgo
En el plano estratégico, el hecho de que Irán fuera de mayoría chiita en un mundo islámico dominado por la mayoría sunita le jugaba en contra. Por lo tanto, el ayatolá decidió adoptar la causa anti israelí y pro palestina para poder ser aceptados en la región. Irán ha buscado posicionarse como defensor de los oprimidos. Se disputa el liderazgo de la región con Arabia Saudita. Lo ve como un símbolo de la arrogancia de las monarquías del Golfo que han aprovechado el aislamiento de Irán desde 1979 para construir su propio imperio económico, político y mediático imponiendo sus perspectivas en Medio Oriente. Tanto el conflicto con Riyadh, como la lucha contra el salafismo yihadista, es luchar contra el cerco impuesto. Por ello apoyan a los Hutíes en Yemen, para debilitar la influencia saudí. Para mantener su influencia política y militar, ha tejido alianzas con grupos paramilitares. A estos los convierte en sus proxies. Gaza, Líbano, Irak, Siria y Yemen son ejemplos de ello. En Afganistán ha dado apoyo a los hazara, dándoles formación militar y religiosa.
Militantes hutíes. Fuente: Voice of America (Dominio Público)
El chiismo como herramienta de poder e influencia
En el plano religioso, ha buscado consolidar su influencia en los países de mayoría chiita. Irán cuenta con la ventaja de que los chiitas no están tan fragmentados como los sunitas. La influencia que tiene con el chiismo le permite utilizar la religión como herramienta de soft power. No obstante, los chiitas del Golfo Pérsico se distanciaron de Irán tras el triunfo de la revolución. Por otra parte, las relaciones con Irak han sido más complejas. Los principales santuarios chiitas están en Karbala y Nayaf. Además, Ali al-Sistani, el principal ayatolá de Irak, se opone a la doctrina iraní. La caída de Saddam Hussein permitió a Teherán establecer una relación amigable con su vecino. Esto mediante relaciones comerciales intensas, influencia, y milicias.
Teherán interpreta la región en un binomio de amenazas y oportunidades. Por ello, a pesar de su ideología, pesa mucho el pragmatismo en su política exterior. Considera a Estados Unidos como enemigo por respaldar a sus principales rivales, Arabia Saudita e Israel.
El consolidar una relación con Siria le garantizó al régimen de los ayatolás acceso al Líbano, un país con una gran cantidad de musulmanes chiitas. La relación con Damasco provino de una hostilidad mutua a Saddam Hussein, Israel y Arabia Saudita. Antes de la llegada de Jomeini al poder, los alauitas, secta a la que pertenecía Hafez al-Assad, no eran considerados como miembros de la rama chií del islam. Esto cambia durante la época del establecimiento de relaciones entre ambos países, y consolida la alianza entre Damasco y Teherán. Al-Assad fue de los primeros en viajar a Irán tras la revolución.
Por su parte, Líbano le permitió consolidar su narrativa de resistencia. Le proporcionaba un lugar cercano a Israel, utilizando a Hezbolá como punta de lanza contra este. Ya era un punto de interés para el Irán pre revolucionario. La Savak, o policía del Shah, se involucraba mucho en Beirut para apoyar al partido Moderado chiita, Amal. También interfería en la capital libanesa para controlar al imán Musa Sadr, que era cercano al ayatolá Jomeini. Con el triunfo de la revolución, uso a Líbano para castigar con ataques a aquellos que apoyaron a Saddam Hussein. Los mejores ejemplos fueron los ataques contra las embajadas o cuarteles franceses o estadounidenses. Fue en este contexto que consolidó a Hezbolá como un aliado estable. Una milicia que fungía como un actor político en un país árabe, una fuerza armada que podía llevar a cabo acciones militares, y el principal activo anti Israel. El grupo sería clave durante la guerra de Siria para consolidar al régimen de Bashar al-Assad, aunque todo eso se perdió con la caída del régimen en diciembre de 2024.
Pragmatismo, competencia regional y equilibrio de poder
El enfoque de Irán en el Golfo Pérsico y el Medio Oriente proviene desde los tiempos de antes del islam. Y a pesar de la islamización después de 1979, el orgullo por la identidad persa no se ha diluido. El régimen de los ayatolás también maneja su política exterior como un asunto de árabes contra persas.
Aunque el principal enemigo es Israel, Irán ha librado su principal batalla contra Arabia Saudita y su influencia. La política exterior es percibida como una forma de defender su influencia contra la de su contraparte. Eso no implica que abandone el enfoque anti israelí. Por eso su presencia en Líbano, que le da acceso al Mediterráneo.
Un punto importante es que busca mantener el equilibrio de alianzas con actores estatales y no estatales. Los proxys son un gran elemento que le da poder a la hora de negociar y mantener presencia
Irán considera clave llegar a las poblaciones chiitas de los países cercanos, para extender su influencia entre ellos. Esto revela que el chiismo funciona como una herramienta de soft power para la teocracia iraní
Más allá de Israel: la lógica de la política exterior iraní
La política exterior iraní se fundamenta mucho en la historia persa. Lo equilibra con la identidad chiita. El enfoque anti israelí es solamente una parte de su política exterior, no el eje principal como suele asumirse. Su principal zona de interés es Medio Oriente, pero luchando contra la influencia de Arabia Saudita. Para Irán son muy importantes los actores no estatales, pues son un punto muy importante de influencia. Otra cosa es que busca posicionarse como una nación anti imperialista y como defensora de los oprimidos, principalmente los palestinos.
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